En la industria vitivinícola global se conoce con precisión técnica, científica y comercial qué significa hacer un vino de calidad internacional, aunque los criterios para definirlo han evolucionado drásticamente. Lejos de ser una valoración puramente subjetiva o un mito basado en el precio, la calidad internacional se sostiene hoy sobre tres pilares normativos y técnicos: el equilibrio organoléptico (la escuela clásica), la tipicidad del terroir (la escuela de la identidad) y la sostenibilidad certificada junto con la consistencia comercial (la escuela moderna).
A nivel técnico y global, un vino alcanza un estándar internacional si cumple rigurosamente con distintas dimensiones. Sobre esto gira la editorial de nuestro conductor y enólogo, Cristian Moor. No te la pierdas.