Por Cristian Moor.
En estos días, el gobierno nacional anunció una decisión histórica: la derogación de 973 normas que regulaban la industria del vino a través del Instituto Nacional de Vitivinicultura. Una cifra enorme, que trajo debates y despertó dudas. Pero… ¿qué significa esto para vos, como consumidor?
¿Qué cambia en el vino que elegís, en la copa que disfrutás, en la confianza que tenés al comprar?
Se perdera lo que se viene haciendo en materia de calidad en el vino?
Tendren mas libertad los productores para hacer vinos?
Bajarán los costos de los vinos?
Bajara la calidad de los vinos?
Vamos a ponerlo en simple.
Durante décadas, el vino argentino vivió bajo un sistema hiperregulado: miles de normas, inspecciones, declaraciones, certificados, trámites y papeles. Buena parte fueron creados en tiempos donde la tecnología no existía, donde el sector era otra, y donde el control excecivo se creía necesario.
Hoy, con esta medida, el gobierno dice: “Basta de peso muerto. Basta de burocracia que no sirve. Menos trámites, más libertad para producir.”
En concreto: el INV dejaria de controlar tantos pasos intermedios y pasa a enfocarse en el producto final, el vino en la góndola.
Se simplifican certificaciones, se reducen inspecciones, y algunas exigencias históricas pasan a ser optativas. Según el gobierno, esto va a darles más margen a las bodegas para innovar, bajar costos y competir mejor en el mundo.
Suena bien.
Pero ahora viene la otra parte de la historia.
El vino no es solo una bebida mas. Es cultura, es trabajo rural, es identidad, es prestigio internacional. Y ese prestigio se construye con una palabra clave: confianza.
Cuando comprás un vino que dice Malbec, querés que sea Malbec.
Cuando ves la añada en la etiqueta, confiás en que sea cierta.
Cuando un país como Japón o Canadá importa vino argentino, espera controles rigurosos, trazabilidad, garantías.
Entonces la pregunta no es si desregular es bueno o malo.
La pregunta es: ¿qué hacemos con esta libertad?
Porque la desregulación no garantiza calidad, para las regulaciones actuales si?
Esto solo cambia las reglas del juego.
Si las bodegas usan esta libertad para mejorar, para profesionalizarse, para ser más transparentes y más competitivas… ganamos todos: productores, consumidores y el país.
Pero si alguien la usa para atajos, si la vara baja, si se relajan estándares… ahí sí corremos un riesgo: el riesgo de dañar la reputación más valiosa que hemos construimos en los últimos 30 años. La reputación del vino argentino como un vino serio, confiable y de clase mundial.
Por eso, más que temerle a la desregulación, hay que entenderla.
Esto no es un “vale todo”.
Es un llamado a la madurez de una industria que ya demostró que puede estar entre las mejores del mundo.
Deberíamos pensar de no ser tan pendulares alguna vez, de regular excesivamente a desregularizar casi todo.
Hoy, más que nunca, el mayor control no está en un papel ni en una oficina, porque no esta bueno que desde Bs As se quiera regular un sector tan regional.
Está en la ética del productor y el cambio del paradigma que nos deben controlar para hacer las cosas bien, hoy la Argentina esta madurando y cambiando el pensamiento, siento que somos mas maduros en muchos sentidos como país y hay un aire de cambio de mentalidad y en la responsabilidad colectiva de cuidar el vino argenitno como un patrimonio cultural.
Porque el vino argentino no necesita más burocracia.
Necesita más confianza.
Y esa, amigos, no se decreta: se construye copa a copa.
De todos modos, todavía, no son definitvas estasdesregulaciones y quedan debates por darse para lograr un punto de equilibrio, entre el INV y el gobierno nacional.
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