Florencia Rodríguez nuestra investigadora y docente del Conicet y la UNCuyo nos hablar de historia vitivinícola y hoy nos trae las nuevas / viejas respuestas de la política, la dirigencia y la economía a un problema con varios antecedentes históricos: ¿Qué hacemos cuando cae el consumo de vinos?
La tendencia a la caída del consumo del vino registrada mundialmente genera varios diagnósticos sobre sus causas y promueve numerosas propuestas para revertirla. ¿Más o menos regulación?, ¿nuevos productos en base al vino?, ¿impulsar las industrias derivadas del vino? El problema ni las respuestas son novedosas. En la columna de hoy te compartimos algunas reflexiones desde la historia….
Si repasamos la vitivinicultura argentina del último siglo encontramos varias crisis asociadas a la caída del consumo de vino, generadas en su mayoría por factores externos (la I Guerra Mundial -1914-1918, la crisis internacional de Wall Street -1929-1935; crisis del petróleo, 1973). También hubo otros factores, como la expansión de la elaboración respecto del consumo (fines de los ’70), y la competencia de otras bebidas. Pensemos que hacia la década de 1920 varias bebidas alcohólicas antes importadas ya se fabricaban localmente. Estos escenarios funcionaron como un desafío desde el cual pensar nuevas estrategias para una industria que ya generaba ingentes recursos, movilizaba mano de obra y se posicionaba como una de las más dinámicas del país.
Entre las numerosas respuestas de empresarios y Estado encontramos dos que resultan especialmente sugerentes:
- Los usos múltiples de la uva. Hacia 1922 esto generó un encendido debate, motorizado por el enólogo italiano Arminio Galanti acerca de elaboración de jugos de uva, ácido tartárico, endulzantes naturales. La idea contó inclusive con inversionistas extranjeros, sin embargo no logró adeptos entre los empresarios mendocinos. ¿Por qué? No resulta fácil iniciar una diversificación empresarial si tomamos en cuenta los costos, tiempos y recursos que requiere implantar una nueva industria.
- La explotación de los canales minoristas. En plena crisis de 1930 y a contra-reloj de las voces que pregonaban la extirpación del viñedo y el derrame del vino (1938), algunos empresarios vitivinícolas apostaron a una estrategia contraria. Impulsar aún más los canales minoristas, el consumidor no tenía que salir a buscar al vino, el vino tenía que buscar al consumidor. Se instalaron así vinotecas, bares flotantes, mega sorteos, concursos, se intensificó la presencia de vinos en los menú de restorantes, se ensayaron nuevos packaging y etiquetas….
Todo ello, asociado a una marcada y perseverante propaganda acerca de las bondades saludables del vino. Sí, amigos, los discursos anticonsumo del vino no son nuevos, comenzaron en Estados Unidos y luego se extendieron por gran parte del mundo.
Entendemos que las tecnologías y canales de comunicación disponibles, los conocimientos de marketing, la vinculación con el turismo y la gastronomía, aportan un rico sustrato desde el cual tomar algunas de estas ideas históricas pero renovándolas; siempre desde un esfuerzo colaborativo entre lo público y lo privado. El camino recorrido y el contexto actual imponen un nuevo desafío: esos modelos cuantitativos (1880-1990) y cualitativos (1990 – hasta hoy) durante muchos años permanecieron enfrentados, pero hoy pueden confluir en una propuesta tentadora para el consumidor.