Cristian Moor, nuestro enólogo y conductor en Matices del Vino analiza a fondo una tendencia de la que mucho se habla pero que poco se entiende y en muchos casos llama a equívocos o malas interpretaciones de marketing.
A fondo con los “vinos naturales”.
En los últimos años, el mundo del vino se dividió en una discusión que parece técnica, pero en el fondo es filosófica: ¿qué significa intervenir?
La tendencia de los vinos naturales y de baja intervención creció, sedujo, incomodó y abrió un debate que hoy vale la pena poner sobre la mesa.
Porque un vino natural no es un vino “simple”.
Al contrario: intervenir menos exige pensar más. Exige observar, anticipar, renunciar al control químico para apostar al control sensible.
Es confiar en la uva, en el viñedo, en la microbiología del lugar… y también aceptar sus riesgos.
Los vinos naturales nos obligan a hacernos preguntas incómodas:
¿Hasta dónde llega la mano del hombre?
¿Esta bien llamarlos naturales, cuando todo vino lo es?
¿Cómo se define o regula un vino natural?
¿Es correcto que un vino natural expresa más el terroir?
¿No se puede hablar de terroir cuando no se usan levaduras indígenas?
Todas estas preguntas, seguramente tendrán varias respuestas, pero también nos invitan a pensar en algo más profundo: la honestidad del productor.
Porque detrás de cada vino de baja intervención hay una filosofía: una manera de ver el mundo, una relación con la naturaleza, una ética de decisiones pequeñas pero decisivas.
No se trata de hacer vinos “perfectos”, sino vinos con una intención.
Al consumidor le toca otro desafío: abrir la mente.
Los vinos naturales pueden ser luminosos, vibrantes, texturales… y también pueden ser rústicos, impredecibles, extremos y defectuosos.
Pero en todos los casos cuentan una historia distinta: la del productor que se puso en un segundo plano para que su terroir hablara un poco más fuerte.
Hoy, lejos de elegir bandos, necesitamos elegir criterio.
No todo vino natural es bueno por ser natural, ni todo vino tradicional es rígido por ser clásico.
La verdadera pregunta es siempre la misma: ¿son mejores? Mas sanos? ¿hay autenticidad? ¿Hay respeto por el lugar?
¿Hay una filosofía detrás?
Porque, al final, la intervención no se mide en sulfuroso, en filtración, en agregados.
Se mide en intención.
Y en tiempos donde el vino busca reencontrarse con el público, quizá la mejor respuesta no sea intervenir menos o más… sino intervenir con sentido, para que Argentina siga haciendo los mejores vinos de su historia, como lo estamos haciendo hoy.