Hay momentos en los que un sector tiene que mirarse al espejo con honestidad. No para castigarse, ni seguir acumulando diagnósticos, tampoco para repetir, una vez más, que el contexto es difícil, que el consumo cayó, que los mercados están complejos, que los costos suben, que la competitividad no alcanza. Todo eso puede ser cierto. Pero también hay una verdad incómoda: el vino argentino necesita menos lamentos y más estrategia. Tenemos instituciones dedicadas a la promoción, a la educación, al…